Hay sucesos que son de difícil digestión y el que ocurrió el día 5 de enero en Málaga es muestra de ello. Cuesta digerir algo así por la víctima, por el acontecimiento y por la fecha. Lamentablemente y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con un político. Estoy de acuerdo con las palabras del alcalde malacitano que dijo que había sido un hecho inevitable. La muerte siempre gana la partida, aunque le pongamos trabas y aunque intentemos evitarla, siempre sale victoriosa... hasta el momento. Para los morbosos dejaré el debate de quién fue la culpa, de si se pudo evitar y demás asuntos escabrosos.
Este hecho demuestra lo que es la vida. Hay golpes muy duros y en momentos muy poco oportunos, pero hay que tirar adelante, como hizo la cabalgata en Málaga. Una decisión de valentía y de todos los calificativos loables que queramos. Decisión que tomó el padre de la víctima. Y la cabalgata siguió su camino tras un parón. Es decir, un golpe injusto que da la vida que nos hace estar unos instantes noqueados, pero que hay que intentar superar, aunque las heridas sigan eternamente abiertas.
Desgraciadamente, muchas veces las heridas o las cicatrices que nos dejan ciertos acontecimientos en la vida son necesarias. Nos tienen que enseñar a vivir con el dolor o a superarlo (al menos intentarlo).
Y la vida debe continuar como lo hizo la cabalgata de Málaga, aunque aún nos preguntemos ¿por qué?.
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