sábado, 15 de diciembre de 2012

Sin explicación

En las últimas veinticuatro horas he presenciado un par de hechos que me han producido cierto sobresalto y cierta incomprensión.

Anoche en el metro de vuelta a casa se montan en una de las paradas cuatro chavales. Menores de dieciocho años. La edad rondaría entre los 15 y los 17. Nunca he sido bueno a la hora de asignar una edad a ojo a las personas, pero en este caso no creo equivocarme mucho. De momento, nada extraño. Cuando se introducen en el vagón estos cuatro chicos me percato que iban juntos, es decir, serían amigos, primos o lo que sea y se sientan correlativamente. Hasta aquí todo sigue siendo normal. Cuando me fijo más detenidamente me encuentro la siguiente escena: los cuatros jóvenes sentados y los cuartos con la mirada fija en sus móviles y tres de ellos con auriculares puestos. En el tiempo que compartí con ellos, más o menos, unos diez minutos no cruzaron palabra alguna. Los cuatro ensimismados con esa gran ventana tecnológica que le da acceso a  ¿las redes sociales? (el tema de las redes sociales ya se tocará en una próxima entrada)

¿Qué tipo de relaciones se están estableciendo en nuestra sociedad? ¿Para qué nos sirven aparatos avanzadísimos, si no hablamos con el que tenemos al lado? ¿Para qué queremos hablar con una persona que está a kilómetros de distancia, si ignoramos a los que más cerca se encuentran?

El segundo hecho no lo he vivido in situ. Esta vez ha sido mediante los medios de comunicación. En Murcia, en el estadio de La Nueva Condomina minutos antes de empezar el partido, fallece repentinamente el cuidador del césped. Se ha tenido que esperar que el juez levantase el cadáver y todo el protocolo que se ha de seguir. Lo más lógico que ante un hecho de tal gravedad es que se hubiera suspendido el partido. Pues no. Se ha jugado veinte minutos más tarde. Es decir, se ha retirado a la persona fallecida y se ha seguido como si no hubiera pasado nada. Luego dirán que todos los empleados de un club son igual de importantes.

En mi opinión, se debería haber aplazado el partido por respeto a la persona fallecida y por un poco de humanidad.

¡Qué falta de sensibilidad!

Lo dicho, sin explicación...

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