jueves, 20 de diciembre de 2012

Hagámoslo por ellos

Quizás sea por el día que hace hoy en mi ciudad. Un día cubierto y con niebla. A veces, llueve. El suelo, húmedo. Quizás sea por eso que esté hoy algo más sensible de la cuenta. En mi estado de ánimo influye el tiempo. O quizás sea por las fechas que se avecinan. Sí, la navidad. Todo esto con el permiso de los mayas. Pero, sobre todo, es por un programa que he grabado hace unos minutos y que se emitirá el domingo.

El programa, como no podía ser de otra manera, versaba sobre la navidad. Pero... no ha tenido el tono de la navidad de ilusión, de fantasía, de buenos deseos y alegría. El tono ha sido bastante melancólico y nostálgico. Te cogen a pie de cambiado y te desarman.

Básicamente, tras la lectura de varios artículos navideños todo ha derivado en que la navidad es realmente la fiesta de los niños, ya que conforme esos niños van creciendo y se van haciendo adultos pierden el espíritu navideño. Y mira que él que les escribe no llega a la treintena...

¿Por qué se pierde el espíritu navideño? Muy sencillo. En estas fechas es inevitable echar la vista atrás y a acordarse de aquellos que ya no están. No necesariamente han tenido que fallecer. Te acuerdas de esas personas que entraron en tu vida y que por un motivo u otro, ya no lo están. Y te acuerdas, ahora sí, de aquéllos que ya abandonaron este mundo. Esas personas que viven eternamente en tu memoria, pero que cuando llega la navidad son un hueco vacío en una mesa. Es un abrazo menos. Es el beso que te falta.

"El recuerdo, como una vela, brilla más en Navidad" Charles Dickens

¿Por qué se pierde el espíritu navideño? Las ilusiones que uno tiene de crío cuando va pasando el tiempo se convierten en frustraciones. Uno crece y observa como el ambiente familiar se convierte en una guerra fría. Palpa con la aparente cordialidad no es más que una falsa hipocresía de deseos bien intencionados, pero de palabras afiladas. Cuando digo ambiente familiar se puede extrapolar a los amigos o al mundo laboral.

En fin, por eso es la fiesta de los niños. Un niño que aún no ha crecido. Un niño que tiene su inocencia aún intacta. Un niño que sólo entiende de regalos, de Papa Nöel, de renos, de camellos y de Reyes Magos. Un niño que se acuesta con el corazón en un puño y pasa toda la noche en vela. Así que, señores adultos, hagámoslo por ellos. Los niños es la única verdad que aún nos queda y a los que no podemos fallar.

Feliz Navidad

sábado, 15 de diciembre de 2012

Sin explicación

En las últimas veinticuatro horas he presenciado un par de hechos que me han producido cierto sobresalto y cierta incomprensión.

Anoche en el metro de vuelta a casa se montan en una de las paradas cuatro chavales. Menores de dieciocho años. La edad rondaría entre los 15 y los 17. Nunca he sido bueno a la hora de asignar una edad a ojo a las personas, pero en este caso no creo equivocarme mucho. De momento, nada extraño. Cuando se introducen en el vagón estos cuatro chicos me percato que iban juntos, es decir, serían amigos, primos o lo que sea y se sientan correlativamente. Hasta aquí todo sigue siendo normal. Cuando me fijo más detenidamente me encuentro la siguiente escena: los cuatros jóvenes sentados y los cuartos con la mirada fija en sus móviles y tres de ellos con auriculares puestos. En el tiempo que compartí con ellos, más o menos, unos diez minutos no cruzaron palabra alguna. Los cuatro ensimismados con esa gran ventana tecnológica que le da acceso a  ¿las redes sociales? (el tema de las redes sociales ya se tocará en una próxima entrada)

¿Qué tipo de relaciones se están estableciendo en nuestra sociedad? ¿Para qué nos sirven aparatos avanzadísimos, si no hablamos con el que tenemos al lado? ¿Para qué queremos hablar con una persona que está a kilómetros de distancia, si ignoramos a los que más cerca se encuentran?

El segundo hecho no lo he vivido in situ. Esta vez ha sido mediante los medios de comunicación. En Murcia, en el estadio de La Nueva Condomina minutos antes de empezar el partido, fallece repentinamente el cuidador del césped. Se ha tenido que esperar que el juez levantase el cadáver y todo el protocolo que se ha de seguir. Lo más lógico que ante un hecho de tal gravedad es que se hubiera suspendido el partido. Pues no. Se ha jugado veinte minutos más tarde. Es decir, se ha retirado a la persona fallecida y se ha seguido como si no hubiera pasado nada. Luego dirán que todos los empleados de un club son igual de importantes.

En mi opinión, se debería haber aplazado el partido por respeto a la persona fallecida y por un poco de humanidad.

¡Qué falta de sensibilidad!

Lo dicho, sin explicación...

martes, 11 de diciembre de 2012

Tolerancia 0

No se dejen engañar por el título de la entrada. No, no voy a hacer campaña contra la violencia de género o contra la explotación infantil. No hace falta posicionarse ante esos comportamientos tan aberrantes y tan inhumanos. La idea que quiero desarrollar con el título que podéis leer es la siguiente: España no es tolerante. Iré por partes.

Cuando digo "España no es tolerante" me estoy refiriendo, evidentemente, a los españoles. ¿Por qué me centro en España? Obviamente, es donde vivo y es donde constato mi pensamiento por lo que veo, por lo que observo, por lo que oigo y por lo que escucho. Ver y observar no es lo mismo; tampoco es lo mismo oír que escuchar.

¿En qué me baso para decir que España no es tolerante? En lo siguiente: en este país o en esta sociedad en la que nos encontramos cada vez que alguien expresa su firme convicción de unos ideales o de unas creencias que no son las de la mayoría o no están de "moda", sirve de mofa y de burla. Se le ridiculiza y su opinión apenas se tiene en cuenta.

Varios casos: si una persona se declara abiertamente de derechas, ya se le tacha de franquista y se le asignan unos valores siempre negativos. Seguimos: si una persona se declara católico, ya es un mea pilas, que le gusta ver trozos de madera por la calle y abusar de los niños chicos. Otro: si alguien lleva una bandera de España en su indumentaria, es un facha. O el más hiriente: no vanagloriamos de ser una sociedad abierta y en cuanto una persona declara su homosexualidad, ya es un promiscuo y sólo piensa en el sexo.

No estoy muy lúcido hoy, pero espero que haya quedado clara mi postura o mi pensamiento. Por lo cual, remato diciendo que el título de "Tolerancia 0" se refiere a la nota que le pondría a la tolerancia de la gran mayoría de la población de este país.

La típica primera entrada

Sean bienvenidos a "La Litubreta"

Os preguntaréis ¿qué eso? Muy fácil. La explicación es bien sencilla. No es más que la unión entre mi apodo (Litu) y la palabra (Libreta). Lo he mezclado todo en la coctelera que soporta mi cuello y ha salido este nombre.

Aquí podréis encontrar reflexiones personales sobre temas de diversa índole. Quizás el único nexo de unión que van a tener todas las entradas va a ser la opinión particular y personal del autor, es decir, de mi persona. Tan sólo es una ventana para mostrar mi visión particular. No es mi intención ni aleccionar, ni adoctrinar, ni moralizar a nadie.

Quizás el blog vaya sufriendo cambios de diseño conforme pasen los días, por lo cual os pido disculpas.

Espero que si hacéis alguna visita sea para quedaros.

En breve tendréis ya la primera entrada.